La transexualidad no es una enfermedad
By · CommentsA propósito de las declaraciones realizadas a EFE el 13 de Agosto por el Doctor Iván Mañero, jefe de la Unidad de Trastornos de Género del Hospital Clínico de Barcelona, donde afirma que la transexualidad es una “enfermedad”, hay que pensar que quizás sus palabras están fuera de contexto. Es impensable que una persona que trata con personas transexuales, y que por su profesión estará al corriente de las últimas investigaciones y trabajos que los profesionales de la sexología, la psiquiatría han desarrollado en los últimos tiempos, haga ese tipo de aseveración.
De todas formas, las personas transexuales estamos habituadas a que desde foros pseudos-científicos se nos etiquete de “enfermas”, “desviadas” y se siga perpetuando la estigmatización desde posturas “éticas” y “morales” en absoluto respaldadas por la objetividad de la ciencia, impidiendo nuestra integración social. Y es que no es de recibo que una circunstancia personal –consistente en una disociación entre el sexo genético, gonadal y fenotípico, y el sexo psicológico o identidad de género– sirva de pretexto para discriminar y atentar impunemente ya no sólo contra la estabilidad emocional y a la postre, la salud mental, sino hasta la propia supervivencia física de millones de personas en todo el mundo.
Conviene recordar que en el X Congreso Español de Sexología y el IV Encuentro Iberoamericano de Profesionales de Sexología, que tuvo lugar del 17 al 20 de abril de 2008 en León, la transexualidad fue uno de los temas “estrella”, al punto que la presidenta del Comité Científico del Congreso la sexóloga Miren Larrazábal, afirmó “La transexualidad no es necesariamente una enfermedad y, menos aún, una enfermedad mental”.
Tampoco es excusa considerar la transexualidad una enfermedad por el simple hecho de que la persona transexual acuda al sistema sanitario: ¿Acaso alguien sigue defendiendo que una circunstancia personal como es la maternidad, para cuyo tratamiento integral existen miles de clínicas y hospitales materno-infantiles, sea una enfermedad, por más que en algunos casos requiera hasta intervención quirúrgica (cesáreas)?
Como señala Kim Pérez, las personas transexuales “no requerimos que se nos atienda porque suframos de ninguna patología o trastorno, puesto que nuestra transexualidad es sólo una variante natural de la sexualidad entre tantas otras, sino por los obstáculos sociales que encontramos en nuestro derecho a la libre expresión humana, y en el dolor y la angustia con que estas dificultades han llenado nuestras vidas”.
Y es que aunque exista cierta confusión entre dos realidades tan diferentes como transexualidad y disforia de género, el primer término indica la no identificación con el género que socialmente se nos atribuye –atribución efectuada en base al sexo biológico de nacimiento–, mientras que la segunda únicamente se refiere al estrés y al profundo malestar que supone enfrentarse todos los días a la multitud de obstáculos sociales y culturales que nos encontramos –algo que obviamente varía según el lugar del mundo, la situación familiar y laboral, etc. de cada cual: no toda persona transexual padece disforia, y quien la padece, no la padece en el mismo grado o forma.
Aunque hasta ahora las principales clasificaciones diagnósticas internacionales de enfermedades (el DSM-IV-R o la CIE-10) incluyen a la disforia de género como un trastorno o enfermedad –igual, sin ir más lejos, que el trastorno disfórico premenstrual (que se estima afecta a 3 de cada 4 mujeres en edad fértil) o la eyaculación precoz (que afectaría entre el 30 y el 40% de la población masculina)–, es cada vez mayor el número de expertos e investigadores de prestigio que consideran seriamente la retirada de este tipo de categorías conceptuales que, aunque no se pretenda, sí que dan lugar a numerosas violaciones a los derechos humanos de las personas transexuales como son los asesinatos extralegales, tortura y maltrato, ataques y violaciones sexuales, invasión a la privacidad, detenciones arbitrarias, negar las oportunidades de empleo y educación, y grave discriminación en relación al goce de otros derechos humanos.
En este sentido, cabe destacar, como señalan los Principios de Yogyakarta, elaborados bajo los auspicios de la ONU, de la Comisión Internacional de Juristas y del Servicio Internacional de Derechos Humanos (2006): “Con independencia de cualquier clasificación que afirme lo contrario, la orientación sexual y la identidad de género de una persona no son, en sí mismas, condiciones médicas y no deberán ser tratadas, curadas o suprimidas”.
Mar Cambrollé, presidenta de ATA (Asociación de Transexuales de Andalucía)
(Mónica Montero Jurado, Lda. Psicología, miembra y psicóloga de Asociación de Transexuales de Andalucía, A.T.A.)
El pasado mes ocurrieron cosas en un programa de una televisión privada (Intereconomia Tv) que deberían ser denunciadas ante los correspondientes organismos competentes para exigir una disculpa pública por los comentarios e informaciones allí vertidas. En dicho programa figuraban el presentador y dos invitadas. Una psiquiatra llamada Lucía Gallego y una psicóloga llamada Paloma …?. Más de un artículo de sus respectivos Códigos Deontológicos del Colegio Oficial correspondiente se pasaron por el forro las señoritas invitadas.
La psiquiatra (Lucía, sentada a la diestra del presentador) asegura por su parte que la psiquiatría tiene cura o tratamiento para la transexualidad a base de psicofármacos y psicoterapia como hace con cualquier otra enfermedad mental. Muy sabio este razonamiento, si señor. Una de dos. O conceptos como actualización de conocimientos y practicas simplemente no existen para ella. O peor, sabe que lo que está diciendo es falso, y lo hace con intención de dirigir la opinión de personas más incultas que ella y menos informadas sobre la transexualidad, en sentido negativo hacia las personas transexuales y los derechos que reclaman. Esto último tiene su nombre en el ámbito judicial y pienso que debe estar penado. Desde los años sesenta se puso nombre a un conjunto de síntomas que presentaba cierto grupo de personas que decían sentirse más ellas mismas en el rol opuesto a su sexo de nacimiento. Este es el síntoma principal y se llama DISFORIA DE GÉNERO (describe un sentimiento de malestar persistente por su sexo). El Síndrome de Harry Benjamin (SHB) sin embargo es algo mucho más complejo, y en estudio desde hace décadas por muchos profesionales de prestigio en todo el mundo. El tratamiento que los profesionales de la salud mental tienen para dicho síndrome no es ni mucho menos a base de psicofármacos, ni intentan cambiar la manera que una persona transexual tiene de definirse. Hay mucha literatura al respecto y aconsejaría a esta señorita que volviese a leer un poco de vez en cuando. No soy yo quién, una simple licenciada en Psicología, para ordenarle a esta señorita lo que debe de hacer, pero no está bien que una persona que se llama profesional haga oídos sordos y siga o publicite como ciertas disciplinas y métodos arcaicos y en desuso en la actualidad. Peor aún, si lo hiciese con intenciones políticas o de captación y/o adoctrinamiento religioso. Huele raro, muy raro. Y no sólo que se aferre a metodología en desuso es lo malo que se desprende de dicha afirmación (Artículo 18º), sino que además intenta desprestigiar a otros profesionales (psicólogos/as, psiquiatras, endocrinólogos/as y cirujanos/as varios) que actualmente atienden a las personas transexuales, para ayudarles en su proceso de reasignación de sexo, cuando afirma que para tratar la transexualidad es mejor la práctica que ella promulga y “no atentando contra la integridad física de la persona, que en este caso es lo que se pretende” según dice ella literalmente en la entrevista (Artículo 22º). Su Colegio Oficial de Médicos debería decirle algo al respecto señorita Lucía, pues aunque estos artículos pertenecen al Código Deontológico de Psicología, estoy segura que existen con contenido similar en el Código Deontológico Médico.
Apuntar sobre esto, que si bien hasta el año 1990 la Organización Mundial de la Salud no descatalogó la homosexualidad como trastorno psiquiátrico, no significó que a partir de entonces dejase de serlo, sino que nunca lo fue realmente (la Asociación Americana de Psiquiatría ya lo había hecho en 1973) y a partir de ese momento se reconoció de esa forma, eso significó. Lo mismo significará cuando la Organización Mundial de la Salud haga lo propio con la transexualidad, las personas transexuales no son enfermas mentales, sino una expresión más de la diversidad evolutiva de la naturaleza. Y quiero aprovechar para resaltar el hecho de que en el caso de la homosexualidad hablamos de ORIENTACIÓN SEXUAL (atracción sexual por su mismo sexo; atracción sexual por el sexo contrario; atracción sexual por ambos sexos), y en el caso de la transexualidad hablamos de IDENTIDAD DE GÉNERO (percepción que la persona tiene de sí misma como hombre o como mujer), concepto este último que no tiene que ver con el anterior ni con el de SEXO GENÉTICO o BIOLÓGICO (XY, XX). Conceptos estos tres, que son independientes pero se combinan dando lugar a la diversidad que tanto da que hablar últimamente.
Publicado por: ATA
Especial sobre el Orgullo del Sur en la radio.
By · CommentsEl programa de radio Desde fuera del Armario que se transmite los sábados a las 11 por Onda Jerez Radio y otros días de la semana en unas cien emisoras de Andalucía, ha dedicado gran parte de su programa número 48 Orgullo del Sur. Con sonidos tomados directamente del Orgullo. En su tertulia, además se opina sobre la posición y recientes declaraciones de Colegas. No se la pierdan porque no se ahorran ni críticas ni argumentos para desmontar el juego de una Asociación que parece tener muchos intereses prioritarios y por encima de los derechos LGTB.
Para cerrar una opinión contundente sobre los Editoriales del diraio ABC en torno al Orgullo y su ataque transfobo e inaceptable a Mar Cambrollé, Presidenta de ATA.
EL SUR SE VISTE CON LOS COLORES DEL ARCO IRIS
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Desde las entidades convocantes y como portavoz y gestora en nombre de mis compañeros, nunca dudé del éxito del Orgullo del Sur, en parte porque viví en primera persona muchas reuniones y entrevistas con representantes de las instituciones, políticos, sindicales y ONGs. Puede parecer un relato edulcorado pero lejos de ello es mi intención, a todas las puertas que llamé, fui encontrando un SI, al proyecto del Orgullo del Sur, a la necesidad de consolidar en Sevilla un evento con las mismas repercusiones y poder de movilización como cualquier ciudad europea, al compromiso por la igualdad del colectivo LGTB.
En Sevilla era todo un reto, por su estereotipo de tradicional y sus costumbres, pero como sevillana que soy, se que Sevilla es más. Puede ser tradicional, vivir sus costumbres con pasión, pero también se que es solidaria, respetuosa, abierta y moderna, y así lo ha demostrado, desde su gobierno hasta la gente de a pié, todos y todas estuvieron a nuestro lado para pedir más cotas de igualdad.
Decir que se movilizaron a más de 20.000 personas y que todo transcurrió dentro de la normalidad, sin tener que lamentar incidente alguno. Un hecho más que corrobora no sólo la razón de la convocatoria, sino el civismo del colectivo LGTB.
Desde aquí agradecer el apoyo al Orgullo del Sur a nuestro Alcalde y su gobierno, a la Diputación de Sevilla, la Junta de Andalucía, partidos políticos, centrales sindicales, ONGs, empresarios, este consenso ha sido el garante del éxito.
No puedo olvidar a todas y todos los voluntarios que han trabajado con ilusión y entrega, sin su trabajo no habria sido posible.
Y por último decir, ahora, creo que más allá del arco iris hay un lugar donde lo sueños son realidad y en este caso es el Sur.
Mar Cambrolle
Presidenta de ATA, vicepresidenta de Girasol y miembra de la Comisión Permanente de FELGTB












